Con profundo dolor y respeto, a sus familiares y a todos los trabajadores que pertenecen a la familia de el Manantial, les externamos nuestras más sinceras condolencias.
Cómo recuerdo a su legado, aquí les comparto una semblanza y su trayectoria de vida digna de leer hasta el final.
La Sra. Martha Elena Solorza Hernández de Lozano nació un 21 de Octubre de 1948. Fue la tercer hija sobreviviente del matrimonio conformado por los señores Ángel Solorza González y Rosita Hernández Aguilar de Solorza.
Desde muy pequeña mostró su sensibilidad hacia el prójimo, ayudándole a su mamá y hermanos en las tareas del hogar, responsabilizándose a veces del cuidado de sus abuelos Maternos por las noches.
Un pilar muy importante en la vida de Martha Elena fue su tía la señora Anita Hernández Aguilar de Velarde, quien le enseñó el respeto al prójimo mediante la realización de obras de misericordia como cuidar a los enfermos, visitar a los presos y orar por los difuntos. Esta vida espiritual la hizo ser sensible ante los problemas de los demás, viendo cuán afortunada era su vida en comparación con las de otros.

Los grandes maestros en la vida laboral para Martha fueron 5 personas: Gustavo Villarreal, quien le enseñaría todo lo relacionado con la contabilidad y administración; David «El cuate» Ramos Noriega, de quien aprendería todo lo relacionado con almacenes y distribución; Luis Hernández Morales, su mentor en todo lo relacionado con producción; Gustavo Rendón Lizárraga, el maestro de jarabes y por último, su padre, Don Ángel Solorza González de quien aprendería el don de gentes y el trato cálido con clientes y proveedores, además de la prudencia y tenacidad para lograr hacer algo en la vida. De igual forma, Ángel Durán Rendón, quien después se convertiría en su compadre, representó siempre un apoyo para ella y su familia, junto con Luis Ambrosio Morales.
Para Martha, el poder tener la oportunidad de desarrollarse en el Manantial representó siempre un gran proyecto de vida. Ella veía como un reto el poder ayudar en el sueño de su padre de consolidar una empresa, pero sobretodo, que ésta significara bienestar para la familia Solorza Hernández y todos los que laboraban en ella. Le tocó hacer frente, junto a su padre, a los problemas que día a día se presentaban en una empresa que es complicada por su naturaleza. Vivió al lado de él momentos difíciles: El desbordamiento del río Baluarte en la gran inundación de 1968, que atentaba con llevarse maquinaria recién adquirida con mucho esfuerzo; le tocó vivir las huelgas de los empleados agitados por externos; le tocó vivir crisis económicas donde no había ni para pagar los aguinaldos, teniendo que enajenar bonos del ahorro nacional personales para poder obtener recursos. En fin, muchos otros problemas que la hicieron una mujer de carácter fuerte, pero firme en sus convicciones. De esta manera, Martha poco a poco fue convirtiendo el Manantial en su vida.
La sensibilidad de Martha para atender al prójimo siempre se vio manifestada durante toda su vida. Siempre se ofrecía como madrina de muchos niños, a quienes buscaba formar a través de la religión. De igual forma, en su juventud alternaba el trabajo con la impartición de doctrina, llevando a la práctica los valores que habían sido inculcados en su casa por su madre y tías. Nunca dudaba en apoyar al que menos tiene, ya sea para una operación de emergencia o para compra de libros. De igual forma, por muchos años se hizo cargo de ayudar a bien morir a los ancianos del asilo, estando presente en sus últimas horas, donando féretros dignos y velándolos y orando por ellos, hasta que consiguió que en cierta forma el DIF municipal se hiciera cargo, monitoreando su salud y apoyándolos. No obstante ello, en tiempos difíciles todavía el personal del asilo recurre a su ayuda. De igual forma, por mucho tiempo fue benefactora de un centro de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, teniendo como base la idea de que «Todo mundo merece una segunda oportunidad».

En otras generalidades, Martha Elena en su juventud perteneció a la primera generación del Club Rotaract en el año de 1972. También fue socia honoraria de la «Legión de María» en recuerdo de su madre y fue por muchas ocasiones presidenta de asociaciones de padres de familia de la escuela de su hijo, dejando siempre un legado positivo en sus administraciones. De igual forma, fue gestora de que al Rosario llegaran las primeras obras de pavimentación, que le cambiaría la fisonomía a este pueblo, haciendo un vídeo donde se veía el deterioro de las principales avenidas de nuestra ciudad, pagando este vídeo de su peculio y entregándolo a autoridades de los tres órdenes de gobierno.
En fin, muchas cosas se pueden decir de la vida de Martha Elena Solorza Hernández. Quizás estamos omitiendo muchas de ellas. La intención de este sencillo pero honroso homenaje es reconocer y recordar la trayectoria de alguien que siempre tuvo como valor máximo en su vida el desprendimiento personal.
Ya sea con su familia o con el más necesitado, Martha Elena siempre se caracterizó por «Dar de sí antes de pensar en sí», y por eso hoy, en Sociedad Rosarense la recordaremos siempre.
EPD Sra. Martha Elena Solorza Hernández
Texto: David Hernández / Sociedad Rosarense

