La danza contemporánea tomó el escenario del Teatro Ángela Peralta la noche del viernes con “Trazos”, una función de fin de cursos de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM) que reunió el trabajo creativo y escénico de estudiantes y artistas invitados.
La velada mostró la diversidad de voces y lenguajes que distinguen a la EPDM, institución reconocida por su labor en la formación profesional de bailarines y creadores escénicos.
En Trazos, de manera individual, dual o colectiva, cada coreografía logró atrapar los sentidos del público. La función demostró como la iluminación estratégica, el acompañamiento sonoro y la sincronía de los cuerpos lograda a base de disciplina y pasión, crean obras hipnóticas.
En el escenario, los bailarines coordinaron cada pulso, compás y movimiento con una sincronía milimétrica. Un reflejo perfecto del rigor técnico y la complicidad artística que define a los creadores de la EPDM.
Inspirada en la frase de Eduardo Galeano, “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales”, la función se convirtió en una ventana hacia la búsqueda artística de una generación que encuentra en el cuerpo un instrumento para reflexionar, comunicar y transformar experiencias en arte.
La programación inició con “AmigaAa”, creación e interpretación de Maximiliano Martínez y Cristina Galindo, seguida de “Litofagia”, propuesta concebida e interpretada por Valentina Martín Triana, piezas que introdujeron al público en un recorrido marcado por la sensibilidad, la exploración corporal y la construcción de universos escénicos propios.
Uno de los momentos más relevantes de la primera parte fue la presentación de “The Opposite of Killing”, obra de la reconocida coreógrafa búlgara Tzveta Kassabova, resultado de una residencia artística realizada recientemente en la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán. La pieza evidenció el alcance internacional de los procesos formativos de la institución y la capacidad de sus estudiantes para dialogar con propuestas artísticas de alto nivel.
Tras el intermedio, el programa continuó con “Tlayahualli”, interpretada por Karla Citlaly Solano, Arat Amaru Fernández y Zitaima Peguero, una obra que destacó por la fuerza de su construcción colectiva y la atmósfera creada sobre el escenario.
“SIKUI”, creación e interpretación de Dibinyi Diseli Guillén López, permitió apreciar una sólida presencia escénica y una profunda exploración del movimiento como lenguaje expresivo.
La función avanzó con “Áncla”, interpretada por Giovanny Santos y Citlaly Solano, pieza que invitó a reflexionar sobre los vínculos humanos, la permanencia y aquellos puntos de apoyo que permiten navegar los constantes cambios de la vida.
El cierre de la noche estuvo a cargo de “Binario”, coreografía de Arantza Rosales Ramírez, desarrollada junto a las cocreadoras e intérpretes Mextli Ha Reyes, Ariadne Burgos, Camila Ornelas, Montserrat Coria, Valeria Pérez y Valeria Lozano Najar. Con una propuesta de carácter colectivo, la obra ofreció un final vibrante que puso de manifiesto el talento, la disciplina y la capacidad creativa de una nueva generación de artistas formados en la EPDM.
Más que una muestra académica, “Trazos” representó la culminación de procesos de investigación, experimentación y crecimiento artístico. Cada pieza aportó una mirada distinta sobre el mundo, confirmando que la danza continúa siendo un espacio privilegiado para el encuentro, la reflexión y la construcción de identidad.
La ovación del público al finalizar la función fue el mejor reconocimiento para los intérpretes y creadores que dieron vida a esta noche de arte, dejando en el Teatro Ángela Peralta una colección de trazos convertidos en movimiento, memoria y emoción.
Información: Boletín de prensa

