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Castel lleva la obsesión de El Túnel a la danza contemporánea para encarar la tragedia del feminicidio

En una confrontación con los abismos de la mente y la realidad social del país, el Teatro Ángela Peralta acogió el estreno de Castel, la producción más reciente del reconocido director y coreógrafo Víctor Manuel Ruiz. A través de la danza contemporánea, la propuesta sumergió al público en una atmósfera claustrofóbica de introspección, aislamiento y dilemas emocionales que transitan de la psicología a la crítica social.

Con escenografía que recrea el estudio del protagonista y una iluminación de claroscuros, la puesta en escena combinó el movimiento corporal con pasajes musicales.

Presentada por el Instituto de Cultura de Mazatlán en el marco de la temporada Otoño – Invierno, la propuesta interpretada por Johnny Millán, Naima Toledo y Kaleb Oseguera, sigue a historia original al explorar los trastornos de salud mental, la obsesión, el aislamiento social y la complejidad de las emociones humanas a través del lenguaje corporal.

Desde el primer momento, Castel (inspirada en la célebre novela El Túnel del escritor argentino Ernesto Sabato), sumerge al espectador en un ambiente claustrofóbico y turbio. Bajo una luz cegadora que corta la penumbra del escenario, Juan Pablo Castel (el pintor de la obra de Sabato que se obsesiona y quita la vida a María Iribarne, la única persona que se detiene a observar el detalle de una pequeña ventana en su cuadro Maternidad), se enfrenta a un interrogatorio frío y sistemático que indaga en su edad, ocupación y crianza.

La pieza juega con las emociones del espectador y logra crear una atmósfera de penumbras y revelaciones con la aparición en escena de la Naima Toledo (María Iribarne) que aparece en la penumbra del taller, despojada de telas y secretos.

En escena, los intérpretes logran transmitir la carga dramática de la historia a través de una expresión corporal fluida y angustiante, acompañada de momentos líricos que acentúan la soledad del personaje.

Hacia el desenlace de la puesta en escena, la tensión alcanza su punto culminante cuando el protagonista se desplaza en solitario sobre el escenario. Acompañado por música melancólica e iluminación en tonos cálidos y penumbras, este recorrido que acompaña un cuerpo inerme y ya sin vida, simboliza el inevitable aislamiento y la reclusión mental de Castel, dejando en el espectador una profunda reflexión sobre la soledad absoluta que consume al personaje.

Al final, el crimen ficcional de Juan Pablo Castel deja de ser un hecho aislado para convertirse en el espejo de un drama cotidiano. Las imágenes para visibilizar la dramática dimensión del feminicidio proyectadas durante la función, le otorgan una dolorosa vigencia a la obra: en 2025 se contabilizaron 721 feminicidios en México y en lo que va de 2026 la cifra excede los 440 expedientes oficiales, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Colectivos y organizaciones recuerdan que detrás de cada cifra hay motivos de género que muchas veces la autoridad invisibiliza bajo otras clasificaciones, en un sistema donde la impunidad rebasa el 90 %. Al visibilizar que la mayoría de estos crímenes ocurren a manos de familiares o parejas tras un historial de violencia previa, la puesta en escena deja claro que el ‘túnel’ de la violencia machista no es solo una alegoría psicológica, sino una tragedia desgarradora que sigue cobrando vidas en la realidad.

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